viernes, 1 de septiembre de 2017

Aprendiendo a pecar

Aprendiendo a pecar

"... el mundo nos convierte en locos."
Charles Bukowski
   
   Me llamo Nelson soy de acuario, también soy haragán. Hay personas que comparten mi sangre y, sin embargo, me resultan extrañas. Un día me toca pasar al mástil para arriar la bandera. Suena la campana y, ante el silencio, paso al frente. Intento desanudar los nudos rápidamente, sin embargo pasa el tiempo y mi cara se torna color tomate. Me encuentro como un niño en medio de una batalla. Ante mi incompetencia el primer escolta me ayuda a deshacer los groseros nudos que hicieron los del turno de la mañana. Fue tal mi vergüenza, por la demora, que a partir de aquello únicamente estudio lo suficiente para aprobar las materias.  Como extraño emborracharme.

   Si siempre ocurre lo mismo no hay que esperar un resultado distinto.
  
    Rita, una amiga y vecina del barrio, tiene como apodo cebra, porque tiene cara de caballo, es rayada, y no se deja montar. Un martes me dice:

     -Vos vas a un colegio de locos.

    - ¿Porqué lo decís? –pregunto.  
 
    -Cada vez que paso cerca de la escuela de comercio uno -echa una sonrisa cómplice-, escucho un griterío enorme como si proviniera del infierno.  

   Una tarde concurrimos cinco compañeros a lo de Daniel (la habitación tiene entrada independiente por el garaje) y nos pregunta el dueño ¿Qué hacen acá a esta hora? Ifrán explica “Es que faltaron la profe de química y el de contabilidad”. Agacha la sabiola Daniel y murmura “Mira vos que mala leche -rascándose-, yo no fui porque no había preparado el trabajo de contabilidad”. Nos burlamos de eso, luego nos hace pasar. Al rato decidimos alquilar una película en video, pero tomamos la muy mala decisión de ir tres. En el videoclub pasamos media hora discutiendo sobre qué película alquilar. Finalmente optamos por la comedia Despedida de Solteros.
    Lorenzo pregunta ¿Che Daniel, Power está muy cerca de acá? Responde “Jijiji, ya sé porque lo preguntas. Sí al lado de mi vecino, únicamente una vez me pude colar”. ¿Cómo lo hiciste?, interroga nuevamente Lorenzo. “Primero salte el muro de mi vecino, después salte otro muro y di con el patio del boliche. El botón justo no estaba por eso zafe. Pero es muy jodido, casi todas las noches está vigilado.”

   Cuando junto un poco de dinero, a la salida del colegio, me reúno con Lorenzo a tomar una cerveza con coca en la vereda de un kiosco, el comerciante nos facilita una jarra bagatela para realizar la mezcla.

   -Che te gustaría ser fotógrafo de playboy -le digo a Lole.

   -¡Fa! Ese sí que sería un buen laburo.

   Tercamente pronuncio que se saque las patillas. Posteriormente se las afeito pero se rasura de más. Se estila afeitarse a la altura superior de la oreja, él se afeito crecidamente arriba.
   Los jueves a las siete de la tarde, con mi fiel compinche de cacería, nos congregamos en el murito de la entrada del club alemán y sentados junamos, a través de una reja, a las chicas con minifaldas que practican patín. Mientras fumamos Lole exclama, "viste las gambas que tienen..., parecen las piernas de Maradona."
   Cuando caminamos por el centro, Lole me señala:

   -Che ¿Viste como te miraba una morocha?

   -Sí... Y eso que no me afeité.
  
   Después nos despedimos con un apretón de manos y tomamos calles diferentes. Siempre regreso a mi cueva solo como un gato.
   
   Un sábado que no tuvimos noticia de ninguna fiesta privada resolvemos con Lorenzo ir a lo de Daniel a ver si tiene alguna dato. Salir el sábado por la noche constituye nuestra religión.
   Daniel nos recibe con la nueva adquisición. Es un disco compilado de los simples de The Cure, la tapa del vinilo es un viejo.
  
    -Hay un quince en el Rotary Club -dice Daniel.
 
    -¡Uh!, pero es lejos -digo.
  
    -Es el único dato que tengo.
  
   -Vamos caminando ahora... Así llegamos.
  
   -El problema es el tema de la seguridad...,  si esta el cana de la garita sonamos.
  
   -Y vamos a probar, de última vamos al boliche.
  
   -Bueno, termina el disco y arrancamos.
  
   Después de caminar sin reposo cuatro kilómetros hemos llegado al club. Un perro lánguido nos muestra los dientes. Bandeamos un caminito de entrada y sale de la garita un cabo. Nos detiene el paso y dice:
  
   -¿Tienen tarjeta?
  
   -No, somos amigos de la cumpleañera.
  
   -¡No me interesca lo que ustedes piensen!
   
   Nos revolcamos de la risa de su respuesta. El petulante, muy enojado, agrega “Y ya se van o los llevo a todos a la comisaría”. A veces es conveniente no suplicar y pegamos la retirada sonriendo. Cuando empezamos a salir el vigilante llama por radio y apuramos la marcha. Lorenzo con la comisura de los labios hacia abajo canta:
  
   Esquivando patrullas
   de la noche enferma...
  
    A diez metros se detiene un colectivo urbano que por suerte lo abordamos.
  
   -Menos mal que enganchamos el bondi -señala Daniel.
  
   -Si estaba llamando con la radio el guacho.
 
    -¿Vamos al boliche? -acoto.
 
    -No tengo guita y además mira -expresa Lorenzo mostrando los bolsillos vacíos.
  
    -Uh, sos boludo, como vas a salir con zapatillas. Al boliche no podes entrar.
 
     Mientras viajamos hablo sobre El amor, las mujeres y la muerte de Arthur Schopenhauer, un libro que leo en mis ratos libres. Daniel exclama: ¡Que grandes ideas!

   Los fanáticos religiosos leen un solo libro.
  
   Lorenzo baja antes, con los ojos sigo la silueta del amigo que se aleja. Daniel y yo apeamos cerca de Power. En un muro de calle céntrica tiene escrito una leyenda que reza "Jesús te ama". Cerca de nosotros dos perros feos nos ladran.
   A tres cuadras del boliche nos cruzamos a un chabón de nuestra edad que nos frena y comenta:

   -¿Van a la sociedad israelita?

  -No -respondimos en coro los dos.

   -Porque hay allá un quince -y agrega el desconocido-, pero es una mierda. No hay chupi y las minas que hay son pocas y feas.

   Asombrados por el comentario expreso.

   -Bueno gracias por la información, pero no íbamos para allá.

   Los dos sabemos que el boliche es una mierda, igualmente, ingresamos secos al local. Dimos unas vueltas y rebotamos con todas. En un baile la mayoría de las minas tienen el síndrome de la abeja reina, se creen que son unas reinas y en realidad son un bicho. Daniel se encuentra con Claudia (una chica que es de nuestro mismo año, pero de distinto curso). Baila varias canciones con ella, yo sigo sin encontrar pareja de baile. Se mueven cuerpos sudorosos con canciones como La máquina de amor de Gene Loves Jezebel, Hablando en tus sueños de The Romantics y Domingo a la mañana de The Bolshoi.
    Hay un pequeño puente con barandas de hierro, desde abajo observo un buen culo entangado con la V de la victoria. ¡Banzai!
    Cuando vienen los lentos veo una gordita solitaria con minifalda roja y medias marrones apoyada sobre una columna, la invito a bailar y acepta con ojos de gata.

   A veces hay que tragarse el orgullo.

   La abrazo y era tan grande su cintura que mis manos no se pueden encontrar detrás, a la siguiente canción la despido ya que no sentía sus pechos y era como abrazar un barril.

    A veces es mejor abandonar las cosas sin dar explicaciones.

    A las cinco de la mañana el rocío baña las calles y nos retiramos con Dani del boliche. Daniel me señala:
  
    -Te acordás de Gabriela, la prima de Claudia.
 
    - “Mas o menos” -haciéndome el tonto.
 
    -Jijiji...,  no te vas acordar, iba al otro tercero.
  
   -Sí, la recuerdo.
 
    -Claudia me contó que Gabriela siempre estuvo enamorada de vos.
 
    -Nunca lo supe -y agrego-, no creas en todas las cosas que te digan.
 
    Me despido de Daniel con sabor amargo en todo el cuerpo. Es inútil llorar por lo perdido. La mujeres son insensatas, todas anidan rencor y venganza en su corazón. Y sí... las mujeres también se enamoran. Cada uno juega con las cartas que le tocan. Nace de nuevo el maldito sol y me golpea como luces rojas de un patrullero. Camino lánguidamente entonando:

    Las voces de discoteca no tienen cabida
    en esta movida
    yo repudio toda esa careta de mersa coqueta

    Con la cabeza gacha y los ojos clavados en el suelo maldigo como un condenado diciéndome varias veces "Que boludo, porque no me la encare a la mina cuando pude… soy un boludo, siempre fui un boludo."
    Es una mala broma del destino. Lo más fácil es rendirse.
   Abro la puerta, doy unas vueltas, me tiro un pedo y me acuesto en mi fría cama.

NF




martes, 1 de agosto de 2017

Expulsados del paraíso

Expulsados del paraíso

"Conocer la propia oscuridad es el mejor método para tratar con la oscuridad de los demás."

Carl Jung


                                                                                                                                 Posadas es una ciudad caliente que haraganea el pasado. La casa de Daniel tiene una ubicación privilegiada a cinco cuadras del colegio en pleno microcentro. Es el lugar citado para la rata, especialmente en el mundial de México, cuando juega la selección marchamos directamente a esa casa. También es el espacio preferido de reunión cuando tenemos horas libres por falta de profesores. Honestamente envidio a Daniel, su padre empresario normalmente no se encuentra en la ciudad, el inmueble es de una gran extensión (un cuarto de manzana). Daniel, junto con su hermano mayor, tiene un habitáculo separado de la casa principal. El hermano se aloja muy poco con Daniel, está muy ocupado con su puesto de arquero suplente en Vélez. La habitación emancipada consta de un televisor color con video y un centro musical que es la desazón de todos, conserva posters de Soda, Virus, The Cure, U2, Judas Priest y W.A.S.P. entre otros. También, como en casi todas las casas, hay una foto del Diego con el mágico número diez. Por si fuera poco cuenta también con un fiat bolita a su disposición de color  rojo con una hermosa butaca, tiene los asientos delanteros un poco más distanciados que los que vienen de fábrica brindando mayor comodidad al conductor y acompañante.  Una tarde le pregunto:

   -¿Cómo hiciste para conseguir la cartelera de Volver al futuro?

   -Se lo encargue al boletero del cine que es amigo de mi hermano...,  además le tiro unos mangos -mientras fuma con carraspeo y pone las cenizas en su mano.

   Somos respetuosos con la hermana menor de Daniel, aunque la realidad es que todos le tenemos hambre.
   
   Mi padre siempre insiste que además de estudiar debería trabajar. A mí me encanta la idea de tener un laburo, ya que no cuento ni para invitar a una chica a tomar un café. Él me dice que podría buscarme un trabajo de cuatro horas por la mañana, ya que curso a la tarde, contesto “Y que pasa con los dos días que tengo a la mañana educación física”, se queda mudo. La cuestión es que mi padre usa eso para amenazarme, me río por dentro porque nunca me consiguió ningún empleo. Estoy cansado de ser un ratón de iglesia (mantenido por los padres). Jamás conocí un restaurante por dentro, únicamente he ido a veces a una pizzería. Entre cinco amigos hemos juntado, alguna vez, dinero para adquirir una pizza. Cuando se sirve en la mesa cada uno intenta masticar lo más ágilmente posible las porciones. La regla que tácitamente colocamos es que terminada de comer completamente la fracción se puede tomar otra, y todos nos apresuramos en deglutir rápido para intentar comer una ración más. Cuando hay hambre se digiere más rápido y el tiempo no espera.

   Ifrán y López, dos compañeros, juntos son dinamita. Se sientan contiguos en el aula y son los sospechosos de siempre cuando ocurre algo fuera de lo común. No se pueden quedar quietos, es como si tuvieran hormigas en el culo. En sus rostros tienen dibujados gestos de burlas que no comunican bondad, a ellos nada les preocupa. Son mistéricos y no les importa la vida en sociedad. Sucios por fuera y por dentro. Las autoridades escolares resuelven separarlos, enviando a López a otro curso. Ellos siguieron reuniéndose en los recreos hasta que lo expulsaron a López. En venganza draconiana cada vez que ocurre un acto en la escuela se escucha primero los estallidos de huevos podridos en las ventanas, luego las bombas de olor en el patio. Es tan fétido el ambiente que provocan arcadas y vómitos. Con sonrisas cómplices por lo bajo todos sabemos quién es el autor de la pestilencia.

    Hay cosas que sin ninguna lógica se repiten.

    Hace un mes había explotado un inodoro en el baño de varones. El colegio se inundo y quedo inhabilitado por tres días. Todas las miradas fueron dirigidas a Ifrán y López, investigaciones y pericia policiales convergieron en López.

   Hay muchas personas que a una enfermedad o carácter la acusan de "es genético", son muy pocas las enfermedades que están genéticamente programadas. La mayoría de las enfermedades complejas quizás tienen un pequeño componente genético, pero tener una disposición no es lo mismo que una determinación. La inmensa mayoría de las enfermedades no están predeterminadas genéticamente.
   Los genes responden a nuestro entorno. El gen se adapta al entorno y responde a él. Hay situaciones que despiertan y otras que apagan al gen. Por ejemplo, una infancia de abusos genera violencia o puede formara alguien antisocial. Así como una persona que no es maltratada de niño, difícilmente sea violenta en la adultez.
   
   Hay una contribución genética, no una disposición genética. "Esto es genético", es un error.

   La esquizofrenia no es genéticamente programada, hay situaciones que despiertan y otras que apagan la enfermedad. Todo gira alrededor del entorno.


   Una madrugada nos reunimos cuatro compañeros en la casa de Daniel, después de beber varios vinos, propone Ifrán:
  
     -Che Dani podemos usar esos tachos de pinturas.
  
    -¿Para qué? -interroga Daniel mientras silba a un gato para que regrese.
  
    -Para hacer una pintada en la escuela.
  
   Todos aprobamos la moción. Movimos el culo al colegio los cuatro, de los cuales tres tienen brochas y pinturas. Al quedar con las manos vacías yo oficio de campana. Escribieron insultos a profesores y autoridades escolares en las paredes exteriores del edificio. En el silencio, con un pucho apagado entre los labios,  pregunta Ifrán ¿Che hacete se escribe con hache? “Sí boludo” –respondemos a coro-, “preguntaba para que no me descubra la de castellano”, agrega Ifrán, todos reímos. Con manos sudorosas alerto que se acerca un patrullero y nos desbandamos.

   La impaciencia es el padre de todos los errores.

   Al otro día, la escuela nacional de comercio se encuentra convulsionada. Nos comentan informantes del turno mañana que estuvieron la policía y gendarmería tomando fotos de los grafitis, después los taparon con cal. Nosotros estábamos en el ojo de la tormenta, la pintada fue de índole sexual muy ofensiva, finalmente no pudieron auscultar quienes son los culpables.

   Un día martes nos pusimos de acuerdo con Ifrán y Lorenzo para faltar al colegio y reunirnos en el balneario, trayendo debajo un pantalón corto. Nos reunimos al otro día, a la hora programada, dimos unos chapuzones en el agua y después escabiamos un par de vinos. Estuvimos con las mejillas manzanas y ebrios como dos horas en plenos rayos de sol. Entresueños escucho un grupito sobrio de chicas que pasan cerca de nosotros y una comenta, "mira qué lindo bronceado que tienen."
  
  
   Una jornada se presenta Ifrán a clases con un pantalón extravagante. El jean es nevado con una tira de tela en los costados añadida en cada pierna y (para completar) tiene flecos que llegan al suelo. Confieso que llama la atención a todos, Lorenzo le dice “Eh hace mucho que trabajas en el circo”. Ante la risa de la patota, Daniel añade “No boludo él es el que contrataron para barrer el patio”. Todo era diversión hasta que se acerca la directora. Lo llama a Ifrán a la dirección, el alumno finge tener lipotimia, igualmente lo advierte que si llega a venir nuevamente así vestido no será admitido en el colegio.

   Mucha gente quiere recoger frutos de árboles que jamás sembraron.

   A la semana, todo el mundo calza pantalón nevado. De repente se pone de moda, como así también camperas de jean salpicadas con lavandina. La directora ya no se puede oponer a la moda y debo reconocer que Ifrán fue el primero en animarse a vestirse de esa manera. Aunque nadie adiciono las tiras floreadas ni los flecos.

    Todo el mundo sufre, inclusive aquellos que disimulan no sufrir.

    Otro día aparece Ifrán con el cráneo desnudo, todos riéndonos a carcajadas preguntamos “Que te pasó”, exasperado responde: “Me agarró la yuta el sábado por la noche y me pidió el documento, como no tenía, me llevaron a la taquería. Me dijeron que no podía tener el pelo así como un hippie y me pelaron. Estuve más de dos horas demorado y me decían que averiguaban si tenía antecedentes. Un cana me indicó que si no quería pasar toda la noche acá tenía que limpiar (con un balde y un trapo de piso) toda la comisaría. Así que tuve que lampacear  y después me soltaron.”

NF

   

sábado, 1 de julio de 2017

El sueño de una burra

El sueño de una burra
                                                                 "La mejor victoria es vencer sin combatir."
                                                         Sun Tzu




   Vivo en la intemperie existiendo tímido, sumiso y reservado; alentado por el maltrato. Mi padre siempre se mantiene distante, severo y dominante. El retrato que tengo de Dios consiste que en su mano derecha sostiene un cinturón para castigar con el semblante eternamente malhumorado (jamás sonríe).

   Los que tienen miedo necesitan de una religión.

   Mientras los otros niños jugaban al fútbol, sin entender porqué, mi padre me fajaba con un cinto. ¿¿Porqué?? Me dijeron que por un hombre ingreso el pecado al mundo, pero yo no soy Adán ni tampoco asesine a Jesús. La resilencia es lo que me empuja a ir contra la corriente y con furia combato la mala suerte, soy como un pez en el hielo.

   Lo que más me agrada es hacer fiaca en mi pieza escuchando W.A.S.P. o Iron Maiden.

   Como todo pendejo lo que programo el día sábado es ir al picado de fútbol por la tarde y después, por la noche, asistir a algún baile. Soy bueno recuperando, robando la pelota y un burro para patear.
   No tengo ninguna entrada de dinero, únicamente un par de australes que me facilita mi madre y algunos vueltos que me cobro por los mandados que realizo en un laburo de hormiga.      
   Mi padre es muy tacaño, él tiene como lema “Vos tenés que trabajar y hacer algo para ganarte la comida”. Esa es su forma de pensar, muy egoísta por cierto, con eso se cubre de darme algún austral para salir. Ordinariamente no formulo ninguna petición porque me adelanto a su rechazo. Además, muchas veces, sucede que cuando me dispongo a salir el sábado por la tarde me regaña “Hoy quédate para ayudarme a arreglar el auto”. Siempre se beneficia con alguna excusa para retenerme, otro día ordena, “hoy tenés que barrer el techo y después tapar las goteras”, no obedecerlo implica un pecado.

   Las horas de trabajo son horas desperdiciadas.
  
   A pesar que mi padre se saca el uniforme, en nuestra casa, él sigue siendo un militar. Ando con gran fastidio por esas órdenes ya que cuando llega el fin de semana, después del ajetreo de la secundaria, en lo que menos pienso es en quedarme en casa. Como todo adolescente quiero salir, divertirme con mis amigos y sobretodo conocer chicas.

   Mi problema es que me preocupo más de lo normal.
 
    En el primer año de la secundaria, quizás por el terror que tengo a mi padre, estudiaba mucho. Un traga, como dirían otros. Sucede que tengo temor reverencial por la figura paterna, no era respeto lo que me inspira mi padre; sino más bien miedo y su intensa mirada provoca mi reconciliación con la muerte. Su rostro posee un eterno enojo como si estuviera todo el tiempo molesto. Tanto sufrimiento al pedo. Antes tenía miedo al castigo, de niño me pegaba sin decirme cual era mi crimen, hasta que un día (tendría trece) me plante y le dije que no me iba a dejar pegar. No sé que habrá pasado por su redonda, pero a partir de ese día no me baje los pantalones; aunque a veces me da bofetadas. Una vez, no se cual fue su disgusto, me arrojo una pinza. Todavía conservo la cicatriz en la ceja derecha, como recuerdo.
   Muchas veces, también, me amenaza frente a mis hermanos, "si seguía comportándome así..., me llevaría a un patronato de menores o me echaría de su casa."
   Mi extrema sensibilidad me hace creer que puedo conocer el alma de las personas a través de sus ojos, muchas veces me parece ver que las personas tienen los ojos de color rojo. Muchas veces.
  
   En mi casa me trata como a un soldado, únicamente tengo que responder “Si papá”, sin ninguna contrariedad.

   De todos modos intento escabullirme del yugo el fin de semana. La verdadera fe no necesita ninguna religión. De niño mi padre me obligo a ser católico y hasta los once años me exigió ir a la aburrida misa todos los domingos.

   El primer libro de ficción que leí fue La Biblia.

   Lo que me atraía de la misa era una parte que decía, “ahora vamos a dar el saludo de la paz a quién tenemos al lado”. Siempre intentaba ubicarme cerca de una mina atractiva para “darle mi saludo de la paz”. Otras veces me ubicaba detrás de un buen culo para observarlo cuando rezaba arrodillado. Eso fue obligatorio hasta que, una de esas veces que debía ir a la iglesia, no se me ocurrió mejor idea que ir a visitar a Lorenzo. Mi padre me pesco pero afortunadamente esa vez no reprocho nada, solamente me miro muy encolerizado y serio. A partir de lo ocurrido aprovecho su enojo para no asistir a la aburrida misa de los domingos.

   Todos tenemos algo de delincuente, genio y santo.
  
   A dos cuadras de donde vivo hay una escuela primaria, en el momento de la salida intento estar atento para observar las jovencitas más grandes. Hay una burra que tiene quince años y va a séptimo. A pesar de eso siempre la miro porque es muy atractiva y famélica, cuando transita cerca de mí sonríe pícaramente. En cierta ocasión, acodado en el portón de mi casa, ella pasa dando carcajadas. Vuelve de sus pasos y me da un beso en mis labios. Fue tal mi sorpresa, ocurrió sin esperarlo, que no tuve ninguna reacción. Cuando comento lo sucedido a un vecino de mi edad me dice “Uh, pero no seas boludo..., esa mina está recaliente”. Fue entonces que decido encararla una tarde, terminada la jornada escolar.
  
   Qué bueno sería no necesitar de nada.
  
   Recuerdo que una vez estaba muy enamorado y confundido, no sabía a quién consultar sobre cuestiones amorosas. Resuelvo, en primera instancia, consultar a mi padre. Le relato que estoy muy enamorado y no sabía que decir, ni cómo actuar. La respuesta fue: “Y de quién te enamoraste ¿De tu maestra?”, me sentí tan humillado por su respuesta que nunca más lo consulte sobre esas cuestiones. Ignoramos lo que sabemos.
  
   Muchas veces hurgando en mi cabeza pienso en mi interior, “que habré hecho en mi vida pasada para tener un padre tan rígido como el que tengo.”
  
   Averiguo en el barrio el nombre de la burra, es Roxana. Diez minutos antes de la salida la espero en un lugar desolado que sé que obligadamente tiene que atravesar y cuando se acerca la respiración aumenta, la detengo expresando “Puedo hablar con vos”, ella me dice que "sí" mientras juega con su cabello. No fue extensa mi declaración de “enamorado”, sumado a mi pedido de simulacro de noviazgo. La chica, con pupilas enormes donde nadan peces, contesta que acepta encantada y nos besamos. La realidad es que Roxana está más contenta que yo. Ella susurra que me parezco a Sergio Denis. Hay gente que le gusta que le mientan. Indistintamente acostumbro a estar mucho tiempo en soledad, además de ir tras otras aventuras, soy un jugador que siempre juega. Todas las mujeres  son posesivas, el problema es que Roxana resulta ser una chica mala porque no se deja. No soy un chico fácil, ni de tener una sola. Muchas veces es necesario jugar a hacerse el interesante.
 
   Amo la libertad y la libertad de los demás.

   Reincidentemente el sábado, después de cenar, parto rumbo al centro en busca de algún acontecimiento de quince o casamiento mandándome colado. El sábado es el gran día. Durante la semana, en el colegio junto con Lole, nos dedicamos a buscar información sobre alguna quinceañera; los datos incluyen: lugar, fecha, y medidas de seguridad de la fiesta. Después se procesa la información obtenida y decidimos cual es el lugar con menos inconvenientes para colarse. La última opción es el boliche, siempre es preferible una festividad privada.
   Con Lole hablo de todo, cosas que con otros callo. Siempre  hablo que Karina es una chica de otro mundo, de sus ojos luminosos metidos en los míos, sin poder desprenderme de su imagen flotando ante mí, de cómo deseo verla y tener una oportunidad.

   Es un sufrimiento inexplicable. La veo sin verla...
  
   Lo normal es que yo pase por lo de Lorenzo, ya que su residencia queda camino al foco. Pero, en ésta oportunidad, el único dato que rescatamos se trata de un quince en un barrio cerca de mi casa y de contramano al centro. Así que, por esta vez, fue mi compinche el que vino a mi casa. Cuando llega Lole, con mirada lánguida, trae bajo un ala la revista Playboy edición especial (muchas páginas se encuentran manchadas y pegadas), con párpados hinchados y ojeras oscuras enuncia:


   -Toma Nelson, te la devuelvo...  No doy más.

   Luego, empezamos a mover el culo en busca de rocanrol. En las veredas se escucha voces de televisores encendidos. Siempre salimos bastante temprano. Nos aproximamos a la dirección obtenida en la semana. Un gato blanco cruza la calle; le digo a Lorenzo:

    -Por aquí cerca debe ser.

    -Sí allá, a media cuadra, se escucha Soda stereo.
  
    -Aquí es -nos paramos enfrente de una casa.

   En el momento que planeamos una excusa para poder ingresar se acerca un tipo grandote. Expreso:

   -Uh, cagamos -con voz de autoridad-. Vos quédate callado que yo respondo.

   Se nos dirige ese hombre –después supimos que es el padre de la cumpleañera- y pronuncia, “que hacen acá muchachos -con rostro sonriente-, vengan pasen”. Lorenzo abre bien grandes los ojos y levanta las cejas. Como gatos desconfiados y sin entender nada, ingresamos callados abandonando la calle (no sentimos la obligación de contestar).

   Es muy raro lo que sucede, hay que aclarar sin embargo que nosotros salimos vestidos con la mejor pilcha que tenemos. Muchas veces también nos echan, no porque armáramos bardo, si no porque nos mandan al frente que somos colados. El secreto consiste en pasar desapercibidos, solamente cuando llega el momento del baile nos mostramos –es el relámpago de mayor tensión-, algunas veces nos dejan bailar. Los colados no tenemos nada que perder al no conocer a nadie, somos los caraduras que sacan a bailar y que animan una fiesta. Pero otras veces sentimos una gran vergüenza al despedirnos del lugar sin misericordia y frente a todas las personas.
   Entramos a la vivienda, hay un gran galpón donde pulula un harem alrededor de la música. Con ojos bien abiertos Lole me pregunta:

   - Che porque nos hizo pasar -rascándose la cabeza.

   -Lo que sucede es que tuvimos mucha suerte -respondo con certeza-, es temprano y todavía no cayeron los chabones.

   -A con razón nos hizo pasar el viejo.

   Lo primero que buscamos fue algo para beber. Viene mi compinche y me expresa, “conseguí un vino”.  Lo miro sonriendo, “yo tengo otro.”
   Lorenzo tuvo que elegir entre comprar un atado de pucho o un encendedor. Resolvió afanar la caja de doscientos fósforos de la cocina de su madre y lo gracioso es que (en el baile) tiene que desenfundar el gran envoltorio cada vez que enciende un cigarrillo, como si armara una fogata.
   Pasa una media hora y veo que una mina me relojea, no hay nadie bailando.  La miro como mira un lobo a un cordero.

   Me gusta la chica que no finge timidez.

   Le apunto a Lole:

   -Che, haceme la pata y saca a bailar a una mina, así no bailo solo.

   Enseguida me dirijo a los sesenta kilos de carne femenina que juega con su mirada y pregunto ¿Querés bailar?, me contesta que si y nos dirigimos a la pista. Mi amigote sale atrás mío con otra mina. También acuden a la pista dos parejas más.
   La música del baile es una combinación de lo mejor del pop internacional, con lo mejor del rock nacional. Así se escucha: The Cure, Charly García, Inxs, Sumo, Phil Collins, Fito Paéz,U2, Virus...  y sigue sucesivamente de esta manera. Mientras bailamos ella me toca "por casualidad" constantemente.
   Entre otras cosas que hablo con la chica, mientras nos movemos, me dice que se llama Ivonne y que cursa en el mismo año y en el mismo colegio que estudio yo (solamente que del turno mañana). Cuando dialogamos su pera se encuentra ligeramente inclinada hacia mí y su cara te hace olvidar de todo. Sus ojos de mirada triste y melancólica enloquecen.
  
   “Después seguimos bailando”, expresa, cortándome momentáneamente.
  
   Aprovecho para ir al baño y seguir bebiendo con Lorenzo –que ya lo habían despachado antes-. En los parlantes se escucha The Police, se me acerca Ivonne y me consulta ¿Vamos? Enseguida la tomo de la mano y fuimos nuevamente a la pista. Sin exagerar pasaron una hora de The Police y la menuda baila enloquecida, se ve que es muy fan. Después nos separamos nuevamente. Me siento como una mosca atrapada en una telaraña.
   Ella acude a la pista para bailar con otro, mis manos comienzan a sudar y me pongo muy celoso ya que intuyo que vienen los lentos. A veces hay que persistir; sí todo fuera fácil cualquiera lo lograría. Juno a Ivonne que conversa muy simpática con el chabón. No me contuve mas, me lanzo como un kamikaze en busca de su objetivo y nos pusimos a bailar en el momento indicado –la próxima canción fue Rusos de Sting-.  Nos abrazamos, bailamos pegados y siento sus pechos de durazno apretándome fuertemente.  Después, Ivonne me dice que tiene que marcharse, la indago si puedo acompañarla y ella accede totalmente despreocupada. Vive a dos cuadras, en la entrada de su casa me clava los ojos como una serpiente, y temblando me besa con sus labios rojos como una rosa.

    Robamos al tiempo un fugaz instante de felicidad.

   Antes de despedirnos la interrogo si podría verla de nuevo en la semana, me contesta:

   -Sí, pasa cuando quieras.

   Cada uno toma lo que puede. En la oscuridad oigo su risa. Enciendo un pucho y camino esbozando una gran sonrisa bajo una lluvia de estrellas misioneras.
  Mi corazón late rápidamente.
  Amanece frio y el cielo llora como si fuera la otra fecha patria, la del veinticinco de mayo. Después por la tarde, Lorenzo refiere:

   -Que guacho que sos..., el otro chabón calentó la pava y vos tomaste el mate.

   -Sí, encima me puse de novio -y agrego-. Soy como Estados Unidos, donde puedo meto un misil.

   -¡Ah no! Pero boludo bañate cuando la vayas a ver.

   La cuestión es que la visito tres veces por semana a Ivonne en su casa, es una brasa de fuego... un infierno. La chica me gusta mucho, muchísimo más que Roxana. Con el tiempo me decido por Ivonne y la dejo de ver a Roxana.
   Al mes de haber cortado con la burra, mi mamá me interpela ¿Quién es Roxana? Contesto.

   -Ah, una loca con la que anduve.

   -Bueno hace algo -agrega mi madre arqueando las cejas-,  a mí no me metas en problemas.
  
   -¿Qué pasó? -tocándome la frente.

   Me relata mi progenitora: “Vino esa chica por la mañana –con una amiga-, y me dice que como va a permitir que su hijo haga eso conmigo, que ella era tu novia y que te quería mucho… no sabes la escena que hizo. Hace algo y arregla eso”. No puedo contener mi risa y mi madre señala:

   -No es nada gracioso, arregla eso.
  
    La cuestión es que no me inquieta para nada el asunto, opto por no verla más a Roxana y punto. Pero, al final, me costo muy cara la elección. Después de tres meses de noviazgo con Ivonne, me traiciona.

   Únicamente las personas que realmente te importan pueden producirte daño.

  Afuera sopla un viento de tormenta y nubes oscuras se desplazan. La llamo por teléfono, discutimos por el tubo un buen rato, y me retiro como quién se retira de un baño. A la felicidad hay que buscarla pero tiene una fecha de caducidad, un principio y un fin.
    Le deseo una pronta muerte.

NF